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ESPERANZA EN CHACHARRAMENDI

Una estación de servicio. Alguna vez debe haber sido de YPF y ahora solamente queda un enorme cartel con los colores de la marca, tratando de hacer creer a los automovilistas, a lo lejos, que podrán cargar combustibles en una estación de servicio oficial. Pocos se detendrán por eso. Se dejarán engañar porque es la única en muchos kilómetros a la redonda y preferirán usar cualquier caldo escanciado por esas agrietadas mangueras que correr el riesgo de quedar sin nafta en el medio del páramo. El pueblo está verdaderamente en un desierto. Un sitio caluroso, en el que no llueve, sin viento hasta que sopla un fuerte tornado. Cuatro cuadras por cuatro cuadras. Pasé el otro día por allí, con el espíritu que provoca haber venido desde la zona de Neuquén por las rutas 151 y provincial 20, manejando mas de trescientos cincuenta kilómetros en un paisaje árido, tórrido, de sol implacable. La ruta 20 es famosa por sus rectas que hipnotizan y adormecen a los conductores. Las señales de tr...

ERUCTO PROVENZAL

Evoco esos muebles de puertas labradas, color pardo, sillones con apoyabrazos planos de madera y almohadones sueltos floreados, un poco pobretones, que estuvieron de moda en los años cincuenta del siglo pasado. Entonces el matrimonio era un requisito no solamente para el sexo lícito sino para poseer un “juego”, que era una combinación de cama, mesas de luz y ropero o bien de mesa, sillas y sillones. Los muebleros llamaban al estilo “Provenzal”, un toque de prestigio francés para trastos pagaderos en cuotas. No sé si sucedía en otros lados, pero en Argentina también se motejaba como “provenzal” a la combinación de perejil y ajo picados, alma de la milanesa, nuestro plato nacional. Lo provenzal se encontraba así, curiosamente, en la mesa que sostenía el plato, en la comida y, un poco mas tarde, también en la cama del joven matrimonio. Mientras ella se complacía y soñaba con sus hermosos muebles, él soltaba un regüeldo de inocultable fórmula provenzal. La historia es ahor...

ORINA CLARA

ORINA CLARA Hay puntos de vista para todo. El ingeniero Nitzky consideraba haber descubierto un método infalible para juzgar el estado de su salud: el color de la orina mañanera.             Fué por casualidad. Oyó en un programa de radio que convenía tomar por lo menos dos litros de agua cada día. El consejo era sencillo y bastante económico aunque optara por agua envasada. Lo puso en práctica inmediatamente. En su casa acomodó cerca una botella de agua mineral y aseguró otras en su oficina. Se fue sintiendo muy bien inundándose de a poco. Aprendió a convivir con la persistente sensación de plenitud en su vejiga, que pasó a ser una compañía, como un signo estimulante del bienestar de su organismo.             Los primeros días le admiró descubrir que el color de su orina había desaparecido: solamente manaba un agüita clara, casi como la que ingería vaso a vaso. ...

EL VOTO ES SECRETO

Un juzgado de familia. Cada tres años el juez debe reunirse con las personas que están declaradas como civilmente incapaces, para comprobar si ha mejorado o no y en todo caso si es posible ampliar un poco su capacidad. La ley lo quiere así. Un señor que está declarado absolutamente incapaz desde hace unos cuantos años visita al juez con su madre, que es su curadora. La madre es una señora de 72 años muy activa. En la conversación el juez toca ciertos tópicos que la experiencia le ha indicado que son útiles para calibrar en forma práctica la salud mental: quién es el presidente del país, el precio de algunos productos cotidianos, la forma de viajar en colectivo desde la casa hasta algún destino cercano, cosas así. El señor responde a casi todo con gran corrección, lo que le hacía pensar al juez que quizás le vendría bien poder hacer mas cosas. Se le ocurrió preguntarle si no querría votar en las próximas elecciones. Es una pregunta que está de moda y un tema...

LA DISTRACCIÓN DE MI ABUELO

      En Resistencia hacía calor. Se encontraba tan presente que casi nadie hacía ya comentarios. Se sentía bajo el sol perpendicular en las veredas, en la semioscuridad de la siesta, en la oscuridad insomne de las noches.    Por esos años no se conocía el aire acondicionado. Los cines carecían de techo o disponían de inmensas ventanas ciegas en las paredes que se abrían al anochecer para que los espectadores pudieran durar un poco mas sin derretirse del todo.    Sus habitantes (¿cómo se llamarán? ¿resistentes? ¿resistidos? ¿resistencianos?) resistían el espantoso clima inventando historias sobre su ciudad. El relato ha sido siempre una de las formas de evitar el suicidio por angustia. Tácitamente todos quieren que esa anécdota haya sido cierta si permite darle cierto lustre al inhóspito páramo que les ha tocado habitar y del que no pueden ya huir.    En esas noches de ansiedad por las nubes que no llegan, por el incómodo caminar de al...

UN CASAMIENTO FORMAL

Llego al oscurecido parque en el que se alza la capilla solitaria. Los invitados han venido hasta allí recorriendo los largos pasillos del hospital, mojándose un poco con la lluvia. Entro. Ya están ocupados todos los bancos y consigo un lugarcito de pie, al fondo. Los rezagados tendrán que seguir la ceremonia desde afuera, bajo el techo del pequeño atrio. Son las siete de la tarde en un antiguo hospital de la ciudad de Buenos Aires. Construido a principios del siglo XX con el modelo francés de pabellones de dos o tres pisos, separados entre si y conectados por largos corredores techados y aventanados. Con un parque central y en ese jardín una capilla pequeña, para unas sesenta personas, dedicada según creo a San Sebastián o a algún otro mártir cuyo recuerdo, por comparación, alivie las penurias de los enfermos. “La verdad, yo estoy bastante mejor con mi próstata que vos con tus flechazos” podría musitar alguno. Los hospitales de Buenos Aires son un conjunto de construcciones de...

¿DÓNDE QUEDARON LOS PATOS?

En los años sesenta del siglo pasado yo tendría unos diez años. Por ese entonces, todavía existían los patos. No digo que se hayan extinguido, pero actualmente han pasado a ser casi tan virtuales como los dinosaurios. En aquel momento no era infrecuente que los chicos pudieran ver patos en alguna ocasional visita al campo, emocionarse con el espactáculo de los patitos recién salidos del cascarón corriendo detrás de la pata hacia un charco de agua. Muchos habrían visto la desesperación de una gallina a la que le dieran a incubar huevos de pata viendo a sus retoños meterse al agua, sin poder comprender qué clase de locura estaban haciendo. Mas de un niño de aquella década habrá recibido un patito como regalo y presenciado la progresiva desesperación de su propia madre al ver que cagaba por todos lados y crecía todos los días, mientras él se olvidaba de su promesa del primer día de encargarse de cuidarlo. Pero en realidad no había muchos patos de carne y hueso en la ciudad d...