Un juzgado de familia.
Cada tres años el juez debe reunirse con las personas que están declaradas como civilmente incapaces, para comprobar si ha mejorado o no y en todo caso si es posible ampliar un poco su capacidad. La ley lo quiere así.
Un señor que está declarado absolutamente incapaz desde hace unos cuantos años visita al juez con su madre, que es su curadora. La madre es una señora de 72 años muy activa.
En la conversación el juez toca ciertos tópicos que la experiencia le ha indicado que son útiles para calibrar en forma práctica la salud mental: quién es el presidente del país, el precio de algunos productos cotidianos, la forma de viajar en colectivo desde la casa hasta algún destino cercano, cosas así. El señor responde a casi todo con gran corrección, lo que le hacía pensar al juez que quizás le vendría bien poder hacer mas cosas.
Se le ocurrió preguntarle si no querría votar en las próximas elecciones. Es una pregunta que está de moda y un tema que les embelesa a los actuales defensores de los derechos humanos. Al juez que es bastante grande le entusiasma menos pero disfruta sintiéndose un payaso cínico porque cree que a la vista de como votan los argentinos desde que el tiene uso de razón ve muy remota la posibilidad de que el voto de un enfermo mental vaya a causar algún daño irreparable a la República. El diálogo fué mas o menos así:
-No, no quiero votar. Bueno, no puedo. Quise votar y no me salió.
Tercia la madre (las madres de los locos suelen dar siempre respuestas por sus hijos, demostrando o un extremo realismo o la definitiva pérdida de la esperanza en que ellos las den).
-¿Sabe lo que pasó? Es que no entendió bien lo del voto secreto. El hermano lo llevó a votar, le explicó que el voto era secreto. Entonces el recibió el sobre, fué al cuarto oscuro y volvió con las manos vacías. “¿El sobre?, preguntó el presidente de mesa. Pero ¿no es que el voto es secreto? preguntó él. Si señor, secreto dentro del sobre. “ “Es que para que fuera bien secreto lo escondí”, respondió. “Vaya a buscarlo”.
-Mi hijo fué a buscarlo y no lo encontraba de lo bien que lo había escondido. La fila se hacía interminable y el presidente de la mesa tuvo que ir a ayudarlo a buscar el sobre. Finalmente apareció. Es por eso que no quiere ir mas. Teme que le pase lo mismo.
Al juez le pareció que el suceso era demostración suficiente de que el señor seguía siendo merecedor de toda la protección de la ley.
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