El sexo sin amor no es sexo, dice la canción. El sexo sin amor no es amor, dice el sacerdote. España sin Cataluña no es España. Pero Cataluña sin España, tampoco es Cataluña. ¿Y a mi que me va de todo esto? ¿Que tengo yo de amor, de sexo, de España o de Cataluña? Cuando hablás de un “todo” no estás hablando de nada. Porque fácilmente podríamos comprobar que ni España, ni Cataluña, ni los españoles, ni los catalanes existen en la realidad. Son conceptos, como el prestigio de un whisky, que no podrás encontrar aunque te tomes toda la botella. Podrás recorrer toda la península ibérica sin constatar nunca una verdadera frontera, salvo las que hay entre una persona y otra, tan dispuestas a dejarlas de lado por mil razones o sinrazones. ¿Que es un “catalán”? ¿El hijo y nieto de catalanes? ¿El magrebí que vende carteras de marca falsa en las Ramblas? ¿O el que se autodenomina catalán porque se le da la gana? En Argentina, que es un país adelantadísimo en estas cosas ...