El viaje en taxi iba a ser bastante largo. Ida desde Plaza Lavalle hasta la desconocida localidad de Piñeyro, cruzando el Riachuelo. Hacía mucho calor y la mañana era extraordinariamente luminosa. Después de hacer la diligencia que me llevaba a ese barrio el plan era volver en el mismo taxi. Yo iba con la incomodidad de ánimo de salir en horas de trabajo. Aunque formaba parte de mi tarea ir a visitar a una persona mentalmente incapacitada en su casa, siempre me pasa que temo que conmigo fuera del juzgado nadie sea capaz de resolver nada y que a mi regreso se haya producido alguna hecatombe. Por supuesto que es una apreciación totalmente falsa. Nadie me necesita demasiado y soy fácilmente reemplazable. El taxi era espacioso, con aire acondicionado y limpio. Uno de esos Spin que me resultan tan cómodos. Su conductor tenía todo el formato físico de un negro africano. Labios gruesos, cráneo redondeado, nariz aplanada. Pero la piel era completamente blanca. Seguramente un mix genético...