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CUARENTENA MILITANTE

CUARENTENA MILITANTE


Agosto de 2020

Antes de ahora había oído hablar de la cuarentena. En novelas de piratas o de exploradores a veces los personajes se encontraban en algún lejano puerto del Caribe o del Mar de la China en el que había barcos en cuarentena.

La idea que tenía sobre esto, hasta hace muy pocos meses, es que era un decreto de la autoridad del puerto  cuando el barco traía algún tripulante o pasajero apestado. Consistía en retener el navío en aguas tranquilas pero alejado del muelle y restringir las comunicaciones a un abastecimiento mínimo de agua, alimentos y ayuda médica.

Duraba cuarenta días. ¿Por qué cuarenta días? Esto tenía un origen histórico y de tradición, porque en todos los lugares del mundo se había comprobado empíricamente (mucho antes del microscopio y de las vacunas o antibióticos) que la mayor parte de esas pestes alcanzaban su pico y generaban la muerte o la inmunización de todos los afectados dentro de los cuarenta días.

En lejanas epidemias los gobernantes cerraban pueblos o ciudades a la entrada y salida de personas hasta que no había mayor cantidad de muertes que las acostumbradas.

Todas estas medidas tenían siempre ese punto de referencia: la cantidad de muertos acostumbrados, normales.

Porque otro dato que la historia ha comprobado desde que se lleva la memoria es que siempre hay muertes por enfermedades, que hay enfermedades que se contagian. Y que cierta proporción de enfermos y muertos sucede siempre, en todo lugar, y que en definitva se trata de un hecho tan normal que termina afectándonos a todos.

  Todos enfermamos. Todos morimos.

Esas cuarentenas que yo conocía se ordenaban para proteger personas sanas y por eso se aislaba a las enfermas

Nunca había oído de encierro obligatorio de personas sanas salvo que se tratara de castigarlas por haber cometido delitos o que el que las encerrara fuera un secuestrador, un dictador o un genocida.

Otro aspecto de esas viejas cuarentenas de la historia es que se justificaban por razones médicas. Cualquier encierro o aislamiento explicado por motivos políticos o con condimentos políticos era ilegal, contrario a la libertad individual y a los derechos humanos.

Siempre que se hallaba un encierro o aislamiento decretado por razones políticas tarde o temprano se hablaba de pueblos oprimidos, de personas sometidas, de violencia institucional, de dictadura.

Yo viví dos pequeñas cuarentenas, las dos dispuestas por la misma dictadura. La primera de ellas duró más o menos una semana, entre fines de marzo de 1976 y comienzos de abril. La segunda durante la guerra de Malvinas.

Ahora me encuentro con una cuarentena completamente distinta. 

Esta cuarentena dispuesta por el gobierno (nacional, provinciales y también municipales) consiste en prohibir a las personas sanas salir de sus casas, reunirse, comerciar, trasladarse por el país, trabajar, educar, aprender, besarse, tener relaciones sexuales, abrazarse.

A los sanos.

Por supuesto, también a los que enfermaron, pero esto no sería novedad.

Otro aspecto novedoso es su duración extraordinaria. En Argentina ya supera los ciento cuarenta días, el caso más extremo del mundo.

También es un elemento nuevo que la cuarentena obligatoria no se justifica en razones médicas sino políticas.

¿Por qué? Porque la enfermedad para la que se dispuso no muestra ninguna gravedad inusual, y tampoco se ha evitado manteniendo encerrados a los sanos. Hasta ahora, desde que comenzara el año 2020 han muerto de esa enfermedad menos de cinco mil personas. Cualquier gripe estacional de los años anteriores ha dejado no menos de veinte mil muertos. Sin aislamiento, sin encierros y sin noticias en los diarios. 

Es pues clarísimo que la cuarentena no obedece a razones médicas.

Pero el factor que resulta más llamativo, el que me hace sospechar que las razones son políticas es la aparición del “Partido de la Cuarentena”. Hay un grupo de personas que la defienden con la misma virulencia de los militantes de movimientos políticos extremistas. No se justifican en estadísticas ni en comprobaciones ni en pruebas sino en sentimientos o por apoyar a quienes ordenaron esa cuarentena, es decir por simpatía política.

El absurdo de este partido es el de justificar el encierro de personas sanas para que no se enfermen, cuidándolas contra su voluntad. 

¿A qué nos hacen recordar estos políticos? ¿Quiénes fueron siempre en la historia los que se creyeron suficientemente iluminados como para obligar a otros a hacer o no hacer algo?

¿Se acuerdan de Mao? ¿De Stalin o Hitler? ¿De Robespierre?

Esto siempre se llamó extremismo, dictadura.

¿Qué están defendiendo estos encerradores en Argentina?


Escribí lo anterior en agosto. Ahora es noviembre del mismo año y pasaron  varios meses.

La cuarentena continuó desde el punto de vista legal. Para que cualquiera pudiera salir de su casa, a menos que fuera al banco, al supermercado o al médico, tenía que tramitar un permiso por internet.

Al principio pedían de vez en cuando ese permiso en los peajes de las autopistas. Nunca fué demasiado estricto el control y en la práctica se podía circular casi sin dificultades por toda esta zona y la Ciudad de Buenos Aires.

Los tribunales de a poco comenzaron a atender por internet y para algunas cosas daban y siguien dando turnos para ir quince minutos al juzgado.

En las provincias hubo de todo. Desde cierre de fronteras casi totales, que mantuvieron la población encerrada dentro de cada provincia (casos de San Luis y Formosa), otras con variantes (Córdoba o Santa Fe) que permitían pasar con resultados de hisopados negativos.

Poco a poco se empezaron a relajar las costumbres. Aparecieron cada vez más reuniones.

Los empleados públicos y los escolares hasta hoy casi no hacen nada. A los chicos les organizaron unas pocas asistencias para ver a los compañeros y a los empleados públicos les dieron turnos.

El país está en una postración económica sin precedentes. Han quebrado muchísimas empresas chicas.

El gobierno usó todos los medios a su alcance para mantener a la población asustada y convencida de que estaba haciendo todo por la salud de los demás. Muchísimos están creyendo eso.

Ayer murió Maradona y le organizaron un impresionante velorio que, en la práctica, representó el fin de la supuesta cuarentena, porque ese mismo gobierno demostró que ante un hecho políticamente aprovechable prefería a la gente en la calle y contagiándose.

Muy pocos han reparado en estas contradicciones. Tengo compañeros del colegio secundario que siguen sin salir de sus casas “hasta que aparezca la vacuna”. Esos también creen que el gobierno ha hecho lo mejor que se podía hacer. Es el resultado exitoso de la política de asustar y quitar libertades.

Un horror.


Ahora estoy en enero de 2021. Prosigue la cuarentena. Para salir de vacaciones hay que tramitar un permiso que le dan a todos pero que obliga a revelar datos personales: con quien vas de vacaciones, cuántos días, donde te vas a alojar. Si toda esa información cayera en manos maliciosas puede ser incómodo y hasta peligroso.

Teóricamente no te podes salir del destino elegido pero seguro que nadie controlará nada.

El partido de la cuarentena que fuera el motivo de este relato está perdiendo fuerza. A esta altura ni siquiera la obcecación kirchnerista puede sostener la infinita estupidez de la mayor parte de las medidas del gobierno. 

Se fueron de cabeza a comprar una vacuna rusa... no apta para mayores de sesenta que son justamente los más afectados. Putin que es presidente de Rusia la vende pero no se la quiere poner.

Para traer las vacunas organizaron un viaje de un avión de Aerolíneas Argentinas de rasgos épicos. Como si se tratara de Papá Noel. Tampoco Fernández se dió la vacuna rusa.

Mis compañeras kirchneristas que esperaban la vacuna como el maná convencidas por la propaganda de los medios que ven están confundidas y ya no hablan del tema. Hasta que compren el nuevo relato que debe estar escribiéndose ahora en los sótanos del Ministerio de Manipulación.


7 de enero

Se empezó a escribir el nuevo relato. El director de un hospital empezó a hacer campaña en favor de la vacuna rusa. Se vacunó él y dió muchas razones generales para que la gente se vacunara. 

Esto impactó directamente en mis amigas kirchneristas que empezaron a hablar en el grupo de lo prestigioso que era el propagandista, de sus méritos científicos y de su calidad humana.

Seguidamente publicaron la foto de un joven matrimonio de médicos. Abrazados, sonrientes y felices, mostraban la constancia de haberse vacunado.

Jamás había visto algo así. Alguien que salga de haberse vacunado y se cuelgue el certificado como si fuera un emblema es alucinante.

No es una mera alegría de sentirse seguros por estar prevenidos frente a una enfermedad. Es alegría porque es la vacuna elegida por el gobierno, una sensación de felicidad compartida por los que gobiernan, eligen lo mejor y nos cuidan tanto.

Ahora comenzó, gracias al relato, la inoculación militante. Darse la vacuna es apoyar al gobierno, no darla es de gorilas y contreras.


1 de abril

Están haciendo en los medios una campaña sobre una segunda (o tercera) ola de contagios. Algunos gobiernos provinciales tomaron medidas más estrictas.

Pero nada puede ya contener el relajamiento espontáneo de la población. Los bares y restaurantes están llenos, las calles con autos y peatones como antes.

Se han ido consolidando costumbres sociales de prevención que son las de ponerse barbijo al salir a la calle, conservarlo puesto hasta que no haya mas remedio que usar la boca o la nariz para algo más imperioso como comer o estornudar, mantener cierta distancia con los otros que comenzó siendo de unos dos metros y ahora está más o menos por un metro.

El saludo de beso se reserva para los más conocidos, por los que pueden correrse riesgos. Para los demás un golpecito con el puño cerrado en el puño del otro, una especie de roce de nudillos parece ser lo que más se utiliza.

Nadie pide permiso para salir de viaje a alguna ciudad o lugar del interior. Se reanudaron los vuelos internos y ahí piden un resultado de no estar cursando la enfermedad para subir.

Lo que para mí es más importante es que empezaron las clases. Los chicos van al colegio. Según los lugares cambian las modalidades. En la Ciudad de Buenos Aires van mañana y tarde, les controlan la temperatura para entrar y les hacen usar un barbijo. En los recreos tienen que estar separados. En la Provincia de Buenos Aires, por influencia de los destructivos sindicatos de maestros los chicos tienen poquisimas clases, les cambian los horarios según las semanas. Como siempre se ensañan con los más pobres.

Una vecinita mía de Pilar de seis años me dijo que iba a ir al colegio al día siguiente. Primer día de clases de primer grado. Volví a verla y le pregunté cómo se llamaba su maestra. “No sé. No me dijo”. Le dije entonces que al día siguiente le preguntara. “Mañana no tenemos clase. No viene la señorita”. Pregunté por qué “Se tiene que dar la vacuna”. Por supuesto esa canalla, porque no encuentro palabra más idónea, faltó el segundo día de clases de sus alumnos de primer grado, y el tercero porque tenía derecho a una licencia por haberse vacunado. Eso es lo que le dan a los chicos humildes. Migajas. 

Por supuesto los que van a colegios pagos tienen clases todos los días y están entrenándose para que cuando sean adultos sepan trabajar y producir para pagar impuestos que les den de comer a la masa de idiotizados que para ese momento será enorme.


7 de julio de 2021

El gobierno de la provincia de Buenos Aires no tuvo más remedio que permitir las clases con chicos en el aula. Ahora están yendo los oficiales y los privados, en dos camadas o turnos, pero recuperando de a poco la costumbre de asistir, escuchar maestros y profesores, hablar con amigos y compañeros.

El daño es casi irreparable. 

Hace unos días descubrieron una variante del virus (creo que aparecerá una nueva cada vez que políticamente les resulte necesaria). Prohibieron entrar más de 300 personas por día por las fronteras.

De los que habían salido del país por distintos motivos (turismo, vacunación en Miami, negocios, familia, etc. etc.) solamente pueden volver unos pocos. Esto hace que cada día más estén varados en cualquier parte del mundo, sean argentinos o no, residentes o no. Hay gente en esta situación dramática en Europa, en Estados Unidos, en todos los países limítrofes.

No se les ocurrió cualquier otra solución como la de obligarlos a una cuarentena, hisoparlos para ver si están enfermos. De esa gente infinidad son pobres migrantes, acostumbrados a entrar y salir por las fronteras argentinas.

Una enorme proporción de la población apoya esto. Increíblemente, el sufrimiento ajeno, el autoritarismo, la arbitrariedad del gobierno parecen hacer las delicias de los resentidos, que son demasiados. Encantados con que los que se dieron el lujo de viajar se jodan de alguna manera.

El gobierno se vuelve cada vez más dictatorial y en lugar de que eso despierte el repudio, evidencia una admiración obscena por el poderoso que resulta espantosa.


31 de julio

La Directora de Migraciones dijo que todos los argentinos que están en el exterior y no pueden entrar al país no están varados. Están fuera del país porque quieren. Lo que no los deja entrar es su propia culpa porque cuando salieron ya sabían que había pandemia y que podía suceder que al gobierno se le cantara no dejarlos regresar.

Esa mente...


Agosto 10 de 2021

Si te fijás en lo que escribí hace un año, podrás imaginarte que en ese entonces la cuarentena era estricta, cerrada, absurda, contraria a la libertad, exagerada.

Hoy nos enteramos de que no era así para todos. El gobierno que imponía esto a sus ciudadanos no cumplía absolutamente ninguna de esas restricciones para sí mismo.

El presidente Fernández se reunía en la quinta presidencial por largas horas, casi todos los días con: a) el entrenador del perro; b) una chica que aparentemente es una especie de escort o gato (realmente bonita); c) un amigo chino que estaba ganando cuanta licitación había a mano, de esas que son solamente de intermediación; d) y siguientes, unas veinte personas más, todas vinculadas a sus afectos y a sí mismo o a su mujer, perro o hijo.

Para afuera criticaban en los canales de televisión del gobierno a los que salían a correr por Palermo o a entrenarse en remo para los juegos olímpicos de Japón. 

Hasta apareció una foto de una fiesta el 14 de julio de 2020 en la quinta de olivos por el cumpleaños de la mujer del presidente. Todos sonríen y sin barbijo. Por esos días se debatía si convenía permitir a los que hacen running por Palermo.

Fernandez no pudo negarlo y le echó la culpa a su mujer.


Septiembre 2021

Se terminó la cuarentena, así que este es el último capítulo. También desaparecieron los militantes de la cuarentena.

¿Desapareció el Coronavirus? ¿Dejó de haber contagios? ¿Nadie más se enferma o muere?

No. Nada de eso. El gobierno perdió unas elecciones primarias hace dos semanas. El resultado no tiene la menor incidencia en las autoridades del país, ya que no se elegían ni presidente, ni vice, ni senadores, ni diputados, ni concejales, ni nada.

Pero en casi todo el país perdieron los candidatos del partido gobernante.

Esto provocó que los miembros y socios de ese partido -o más bien banda- creyeran que uno de los motivos de los malos resultados fuera que hubieran obligado a las personas a quedarse en sus casas, que les prohibieran a los chicos ir a la escuela, que impidieran entrar o salir del país o de las provincias y que impusieran el uso del barbijo.

Entonces decidieron que nada de eso continuaría. Ahora se podrá circular libremente, no usar barbijo, salir de noche. En fin, hacer las cosas que hacía Fernández en la Quinta de Olivos desde hace un año. Un verdadero adelantado, un visionario.


Y así termina esta historia. No sé qué será de los militantes de la cuarentena. Probablemente estarán buscando desesperados otra causa semejante para militar. 

Pobres. Ya les fué mal con Maldonado. Yo les propongo que militen por el lenguaje inclusivo, por el calentamiento global. Quizás esas causas durarán un poco más que ésta. Suerte. <script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-4190220058053303"

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