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Mostrando las entradas de 2020

PÉNDULO

                                        Alicia oyó los pasos que se acercaban. No podía ser otro que Fernando. -Mamá. Giró la cabeza. Vio al hijo de veinticinco años vestido con la remera de los Redonditos de Ricota que usaba de piyama y en calzoncillos. Temblaba un poco y estaba muy serio. -De nuevo la luz de mi cuarto apareció encendida cuando me desperté. -¿Otra vez? ¿No te la habrás olvidado vos? -No. Estoy bastante seguro. Desde el otro día que pasó eso me fijo bien cuando la apago. “Lo único que me faltaba de este inútil es que sea sonámbulo” pensó Alicia. -Bueno, hijo. Vení, sentate y te preparo el Nesquik.  Fué a la cocina, lo preparó y lo trajo. -Son cosas que suceden. Le voy a pedir a mi amiga, esa que maneja el péndulo que venga a inspeccionar si hay algo raro en la...

UN DIVORCIO

Un pedido de divorcio en un juzgado de la ciudad de Buenos Aires. Cuando se inició todavía estaban vigentes leyes que obligarían a que el juicio durara bastante tiempo si uno de los dos no aceptaba divorciarse de común acuerdo. Pero pronto iba a ser aplicable un cambio de legislación que permitiría a cualquiera divorciarse con sólo pedirlo. La demandante de este caso es una mujer joven y el marido también. Ambos entre los cuarenta y los cincuenta. Los dos son abogados. Ella trabaja en tribunales en un juzgado en lo criminal. El es un abogado  independiente, se ocupa de temas penales y se ocupa de un estudio jurídico con un asociado más joven. El matrimonio tiene dos hijos varones. El mayor de los chicos es un preadolescente de unos doce años. El otro está en los primeros grados de la escuela primaria. La demanda inicial fué hecha por ella. Pedía que lo condenaran a él a pagar una alta cantidad de dinero, casi como se ve en las películas norteamericanas, diciendo que su marido e...

RECUERDO DE BEN MOLAR

     Murió Ben Molar. Tenía 99 años. Fué uno de esos judíos, abundantes y activos en Argentina a partir de la década de 1950 y hasta 1980, nacidos en los primeros años del siglo. Muchos de ellos, especialmente en el ambiente artístico, modificaban sus verdaderos nombres. Molar se apellidaba Smolarchik, como Tato Bores era Borensztein. Siempre me pregunté por qué. La respuesta que me parece mejor es que todos tenían unas enormes ganas de circular en la sociedad argentina sin parecer extranjeros y percibían que los apellidos judíos provocaban una reacción interna de desagrado en los que los oían. En una escala menor sucedía lo mismo con los apellidos de origen italiano. En Argentina lo fino era tener un buen apellido vasco y si era posible, dos. Sonaban bien los que parecían franceses y también los ingleses. Los del incipiente rock nacional optaron muchas veces por nombres italianos mezclados con apellidos ingleses o viceversa, para evocar a los neoyorkinos famosos (Johnny ...