No se si los taxistas, de tanto repetir algunas historias las van mejorando con el tiempo, pero cada vez que uno me cuenta la suya me encanta oírlo. Hoy me tocó subir a un taxi conducido por un vejete de 73. Me dijo que quería retirarse y volverse a Tucumán, donde había nacido. Ni la mujer ni los hijos quieren oir nada sobre eso. “Quiero ir a los valles Calchaquíes” dijo. “Que lindo es Amaicha del Valle”, digo yo. El me mira por el espejo, emocionado. “Allí me crie”. Zas, la pegué con el lugar. Ahora el relato será imparable. “Ve este dedo? Es un recuerdo de infancia de Amaicha. Mi tio era comisario. Le molestaba que el viento golpeara puertas y ventanas y entrara tierra en la comisaría. Cuando se levantaba tierra los chicos nos asustábamos de que el pudiera enojarse y corríamos a cerrar las ventanas que eran así de gruesas, pesadas. Cerrando una de las ventanas me apreté el dedo y casi lo pierdo. Quedó medio así como lo ve”. No estaba tan mal ese dedo. Quizás er...