LA MUJER Y LA MUÑECA
Una niña abraza a su muñeca. Apenas balbucea, pero pide con su gesto que la mire y sus ojos se iluminan de cariño. Creo que es un varón porque su atuendo es un jardinerito a rayas celeste y blanco y lleva el pelo corto.
La niña tiene unos ochenta años. No sé si ha vuelto a ser pequeña o nunca dejó de serlo. Ella no podrá explicármelo.
Puedo imaginarla hace unos 78 años, aferrada también a una muñeca con sus manitos entonces rozagantes. Quizás un “Bebe Bili”, un malcriado “Cholito”, una “Gracielita” o la conocida “Marilú”.
El tiempo transcurrido sólo ha servido para confirmar que ella es mujer. Siempre lo ha sido. Y es una prueba concluyente de que existen las personas que nacen mujeres y pueden vivir toda su vida, hasta el final, en su condición de mujeres.
Cuando pequeñas son mujeres de poco tamaño. Luego niñas, adolescentes, jóvenes, maduras. Sólo se agregan años y agua bajo el puente, pero nada cambia en la esencia. Sólo el exterior se modifica.
Desde que pueden tomar alguna actitud propia las mujeres descubren a los otros y sienten enseguida que hay un ideal que no está del todo satisfecho. Algo le falta a alguien.
Perciben de inmediato que la encargada de conseguir la perfección es ella misma.
“Ese bebe tiene hambre, hay que darle de comer”. “Tiene frío, lo voy a abrigar”. “Se ensució, debo cambiarle el pañal”. Casi siempre el destino de sus atenciones es un varón.
Como es muy chiquita, ese ensayo de ser mujer lo ejerce con una muñeca. Jjamás la abandonará. Con el tiempo pasará a sus amiguitos, a su novio o marido, a sus hijos y a cualquier hombre que las circunstancias pongan a su alcance ya sea en el trabajo, en el estudio.
Lo que demuestra la señora de ochenta que abraza su muñeco es que, luego de haber pasado de identificar la necesidad en el otro para actuar en satisfacerla durante todos los años que tuvo fuerzas, no deja de hacerlo cuando a ella ya todo le falta.
Ha perdido por completo su lucidez, su fuerza corporal, sus chances de comunicarse con la conversación, pero conservó lo mujer y vuelve a su muñeca primigenia.
En otras palabras, a no guardarse su amor.
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