Subió al taxi en la estación Retiro. Se lo veía pobremente vestido, casi un indigente. Ni bien se sentó, antes de que yo pusiera a andar el reloj me preguntó cuánto costaría el viaje hasta el Hospital de Niños. Le dije la cantidad aproximada. -Vamos, entonces, por favor. Me respondió. Durante la marcha me dí cuenta enseguida que no conocía mucho de la ciudad. Miraba a un lado y a otro como queriendo retener en su memoria los edificios, las calles y las plazas. -Disculpe, me preguntó luego de algunos minutos. ¿Este recorrido lo hace algún colectivo? Es que voy a tener que venir seguido y el taxi me sale un poco caro. -Si, le contesté. Puede tomar el 92 que lo deja bien. -Ah. Gracias. Será mejor el colectivo la próxima vez. ¿Sabe? Tengo un hijo que está internado en hospital. Tenía ganas de contarme. Eso se notaba enseguida. Y comenzó a contarme que vivian en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, bastante lejos, y que venía para verlo. Mientras hablaba, sin...