Ayer fuimos al bautismo de R. en una iglesia de Banfield. Por suerte la Iglesia Católica sigue haciendo esa ceremonia con los niños pequeños, que no entienden qué sucede.
Los últimos bautismos a los que fuí, con la excepción del de A., se convirtieron en escenas confusas, ruidosas, a cargo de un celebrante no sacerdote que parece haber elegido ese acto para demostrar una fe inquebrantable.
Sin esa fe histérica sería imposible soportar un grupo de personas hablando constantemente, sacando fotos, desentendida hasta el tuétano de lo que la Iglesia quiere que sea.
El celebrante dirigió las cosas con el tradicional esquema que consiste mas o menos en dar órdenes terminantes con una sonrisa, y hablar constantemente queriendo lograr la participación de los asistentes mediante el diálogo de preguntas y mas preguntas. Las respuestas por los general las da el mismo celebrante luego de unos segundos de barullo indeterminado que demuestra que el público o no escuchó la pregunta o no tiene la menor gana de responder.
Ejemplos: Llama a un niño (que resultó ser nuestro S.) y le pregunta "¿Cuando de verdad queremos conseguir algo a quien lo pedimos, a mamá o a papá?
Para los avezados ya sabemos que la respuesta correcta es "a mamá", y que de allí se tomará el celebrante para llevar los espíritus a la Mamá con mayúsculas que es la Virgen María, recordando a las Bodas de Caná.
Pero S. no lo sabía y respondió "yo les pido a los dos".
El pobre hombre quedó desconcertado y poco menos que empujó a S. por la escalinata, sacándolo de su vista, mientras, sonriendo, decía: "Siempre pedimos primero a nuestra Madre".
De otro modo hubiese tenido que improvisar, y se ve que estaba flojo en Familia de Nazareth. Soltó su perorata sobre el corazón de las madres y pidió si los padres de los niños que se habían bautizado no querrían consagrar sus hijos a la Virgen.
¿Por qué no? Todos fueron al altar y se sometieron a la ceremonia. Los niños, alzados para mirar al público estaban sorprendidos o llorosos.
Me parece que estamos en un momento donde las ceremonias comunitarias ya carecen de sentido. Es un rejunte mas parecido al de un grupo de judíos en el vagón del tren que los lleva a Dachau -unidos por el desconsuelo- que una supuesta comunidad cristiana.
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