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DIOS, AMOR Y JUSTICIA



Al mirar a lo que nos rodea podemos advertir que la Naturaleza tiene una intención. Tratando de ponerla en palabras podríamos leer: “Soy grande, fuerte, hermosa y trato de seguir así”.


Esa directiva se aplica tanto al Universo que abarca todas las realidades, como a otros universos: los animales, los vegetales, la humanidad, el cuerpo humano.

Esa grandeza, la fuerza y la belleza parecen estar pensadas para subyugar a un observador externo; a alguien que no pertenezca como individuo a ninguno de esos universos.
Porque para los individuos el mensaje es siempre de violencia, dolor y muerte. Las estrellas nacen, chocan entre sí, son devoradas por agujeros negros, pierden su consistencia y se diluyen.

Los vegetales sufren ataques de insectos, se pudren, son comidos, ahogados por otras plantas invasoras.

Los hombres padecen deformaciones, enfermedades, injusticias, hambre, nacen y mueren en el medio de dolores, sean buenos o malos, inocentes o culpables.

Nada nos indica que el mundo haya sido concebido para el bienestar de ninguno de sus individuos en particular. Si esta realidad ha sido creada, es bastante visible que el creador no tuvo entre sus propósitos cuidar a ningún aspecto separado, sino a un conjunto.

Quien piensa en un conjunto tiene mas un fin de espectáculo, de algo para ser visto y admirado que de amor por nadie. ¿Que importa un soldado en el desfile militar? O una hoja que cae del árbol ¿en qué perjudica al bosque? ¿En qué se ve afectado el cardumen con el ataque de un tiburón?

En cambio, para cada individuo, para cada persona, el universo entero se juega en sí mismo. Quien nace ciego no quita ni pone al género humano; para él la luz no existe ni existirá jamás.

Este modelo de creación es intrínsecamente injusto para cada uno. No hay pruebas en la Naturaleza de que los individuos cuenten para algo si no es para el conjunto.

Y si se nos ocurre pensar que todo es fruto de una mente, de una voluntad, de “alguien”, la obra nos puede decir mucho sobre él.

Nos dice que es poderoso mas que bueno. Y que le gusta demostrar ese poder, sin el menor cuidado ni caridad por los individuos o las personas. La ley que aplica es la de los grandes números, el propósito es la perpetuidad del conjunto.

Curioso resulta que esa voluntad haya decidido llevar a una de las especies a un grado de evolución que permitiera admirar la Naturaleza.

Quizás aquí hay otro aspecto del mensaje que pueda ser leído: el creador necesita que alguien semejante a él admire su obra. Pero al demostrar necesidad del otro (necesito que mires lo que hice), demuestra también que no es todopoderoso.

La manera que encuentra para que no quede en evidencia esta falta es la de crear una necesidad especial en esa creatura pensante: la de obtener favores especiales siempre que le sean pedidos al Creador.

De esta manera, la natural violencia e injusticia sobre la que se asienta el equilibrio ecológico puede ser transitoriamente quebrada para algunos si reconocen su debilidad y ruegan fuertemente al creador una excepción. El milagro es así la mayor de las injusticias: quiebra la ley general -que se aplica inexorablemente a buenos y a malos, a inocentes o no- para demostrar por un lado que el todopoderoso sigue siendo otro, y que tan lo es que puede burlar sus propias leyes.

Ese Creador no es entonces bueno. Por lo menos no lo es con cada uno. Tampoco es justo, porque no respeta ni sus propias líneas.

Así, no puedo negar que Dios exista. No tengo prueba alguna para hacerlo. De lo único que tengo pruebas es de que no es bueno ni justo.

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