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PIQUETES Y PIQUETEROS

MARTES, 26 DE ABRIL DE 2011


PIQUETES Y PIQUETEROS

Que es un piquete y que es un piquetero.

Desde hace varios años -yo ubicaría el comienzo aproximadamente con la crisis del 2001- se ha hecho cada vez mas frecuente una forma de protesta en Argentina, que se llama piquete.
Hasta que comenzara el gobierno de Kirchner, en 2003, existía cierto consenso de que se trataba de una forma de protesta que debía ser moderada o combatida por las autoridades, puesto que se interrumpía la circulación en las calles y caminos.
En la ciudad de Buenos Aires, luego de las reformas constitucionales de 1994 que permitieron a sus autoridades dictar leyes contravencionales, se habían sancionado múltiples normas que de hecho legalizaban las ocupaciones de calles, plazas, etc. Mediante normas confusas y procedimientos larguísimos -como si pintarrajear un monumento fuera semejante a  matar una persona- en la práctica la ciudad se ató sus propias manos y debimos asistir a un incremento notable de toda clase de molestas infracciones menores. Las cosas no fueron peores por la notable pasividad y general buena educación de los porteños.
Al amparo de esa lenidad numerosas personas se trasladaron a vivir en plazas y parques (hoy he visto un improvisado “living” con sillas, una mesa, etc. en la plaza Lavalle). Crecieron sin ningun límite ni regulación las villas miseria que hoy son pequeñas ciudades con edificios de varios pisos, fueron arrancados casi todos los bronces de monumentos y lugares históricos para ser convertidos en grifería, proliferaron pintadas y graffitis.
En el nivel nacional, Kirchner adoptó la política de no combatir, ni prohibir, ni limitar ni organizar los piquetes. El verso político es que no se podía “criminalizar la protesta social”.
Durante varios años y hasta ahora -2011- parte mínima de la población, agrupada en pequeñas manifestaciones, a veces de veinte o treinta personas, fueron autorizados a ocupar calles por largas horas, interrumpiendo el tránsito y provocando demoras y mucho mal humor en los mas que querían pasar por allí en autos o colectivos y no podían hacerlo.
El procedimiento consiste pues en que unos, que piden algo, molesten a muchos otros y que esa molestia de alguna manera sea tenida en cuenta por aquellos que tienen que dar lo que el grupo pide.
Por lo general y salvo contadas excepciones, la molestia se dirige contra otras personas que no tienen nada que ver con el reclamo. No se trata de quitar trabajo en forma de huelga, o de protestar a los pies de la ventana de la autoridad, sino de causar incomodidad a seres ajenos.
La elección de la esquina de las avenidas Corrientes y Callao, importantes y de nutrido tránsito, no tiene como meta autoridades o empresas, que en ese lugar no existen. El objetivo es provocar un caos, conclusión que se robustece si se tiene presente que en general las concentraciones coinciden con las horas de salida de trabajo.
Desde luego que hubo piquetes organizados en los lugares donde se decidían cuestiones en las que pretendían influir -juzgados, municipalidades, puertas de fábricas o diarios-
Pero aunque dichas manifestaciones fueran localizadas en el sitio en que se tomarían decisiones, siempre tuvieron como característica la de además molestar, perturbar y dificultar la normal circulación de otras personas ajenas.
Un caso significativo es el de la ex sala de espectáculos Cromañón, en la calle Bartolomé Mitre de la ciudad de Buenos Aires, que desde el terrible incendio en el que murieron muchos de sus asistentes sigue cerrada al tránsito. Varias líneas de colectivos que llegan a la estación de ferrocarril Once han tenido que desviar sus recorridos y son millones las horas de demora que han tenido que padecer los propios conductores de colectivos y todos los pasajeros para poder llegar a ese importante centro de transferencia de transporte de la ciudad.
Ninguna autoridad ha siquiera intentado reestablecer el tránsito de autos y transporte por allí.
Recientemente un grupo de personas desalojadas por orden de un juez de una casa usurpada sobre la calle México casi esquina Salta tomaron la calle México, fueron provistas de carpas y se instalaron durante varios días, cortando toda la circulación por esa calle. Otro juez ordenó al Gobierno de la Ciudad proveer de alimentos, baños, colchones y dinero a esas personas.
Para que los piquetes y ocupaciones prosperaran fué necesario que las autoridades -jueces, jefe de gobierno, policía, etc.- acordaran en no hacer absolutamente nada.
No hubo actitud de organizar la protesta mediante la imposición de un cierto lugar para que el tránsito continuara, o para que los peatones pudieran caminar libremente. La conducta de la policía fué generalmente la de establecer una demarcación entre los integrantes del piquete y el resto de la población con un claro propósito de protección a la seguridad de los piqueteros. Se ocuparon así de desviar el tránsito, de mantener sin vehículos calles muchas veces semivacías por la escasa cantidad de asistentes a esas manifestaciones.
Ahora convendría saber un poco cómo se organizan y quienes son los responsables de esos actos.
La Argentina es fértil en organizaciones ilegales o paralegales. Una característica del argentino, sobre todo perteneciente a las clases mas bajas e ignorantes, es la de buscar una persona a la que obedecer, prestando un servicio y fidelidad, a cambio de determinada ventaja económica.
La libertad de pensamiento, independencia de criterio y esfuerzo autónomo que querían para nosotros pensadores como Alberdi o Sarmiento no constituyen valores apreciados por el grueso de la población argentina.
No es que esta característica signifique una simple venta de conciencia al mejor postor, porque, como dije antes, conlleva cierta fidelidad. En el peronismo, que tiene entre sus características la de favorecer este tipo de relaciones, se lo llama “lealtad”.
Ese argentino no está esperando mandar los hijos a la escuela para que sean mejores que él, trabajar para comprar su casa. Lo que desea profundamente es poder distinguir “con quien” debe estar. Ese quien es el que puede conseguirle subsidios, dinero en efectivo, comida. Ese, que también en la jerga política se llama “puntero” es el que puede informar dónde hay una casa que sus dueños transitoriamente no ocupan para que el pueda ocuparla.
El que organiza a los piqueteros pertenece entonces a esa clase de líderes o caciques que reúnen personas para lo que haga falta. Sabe por un lado que existe mucha gente dispuesta a cumplir con sus indicaciones siempre que él les responda en alguna medida para satisfacer necesidades y, por otro lado, que hay otros que disponen de dinero o prebendas y que requieren la presencia de un grupo de personas para apoyarlo, para hacerse ver, etc.
El negocio de este señor puede tener alguna justificación teórica o ideológica pero esencialmente es práctico. Intermedia entre los que necesitan presencia de personas y los necesitados.
En los últimos años y especialmente después del inesperado ascenso a la presidencia de Néstor Kirchner este negocio tuvo un incremento notable, debido a varios factores confluentes.
Por un lado Kirchner llegó a la presidencia siendo casi un desconocido, con escasísimo apoyo (menos del 25% de los votos si no recuerdo mal). Había sido promovido por Eduardo Duhalde, quien también llegara a ser presidente como consecuencia de la renuncia de Antonio De la Rúa en el medio de una enorme crisis económica.
Duhalde había sufrido un importante revés político que prácticamente parecía significar el final de su carrera como consecuencia de la represión de una manifestación en la que la policía, actuando con total agresividad e impericia dio muerte a dos obreros de apellido Kosteki y Santillán.
Kirchner no quiso que se repitiera este episodio y decidió no tomar actitud alguna para ordenar o evitar los piquetes.
Durante los primeros años de su gobierno los organizadores de piquetes formaron numerosos grupos, que se caracterizaban porque sus miembros se tapaban la cara con pañuelos o pasamontañas y portaban largos palos. El efecto intimidante para el resto de la población era notable.
Pedían casas, subsidios, planes de dinero a cambio de supuesto trabajo, etc. Dentro de estos organizadores existía una minoría ideológicamente formada y con propósitos vinculados al mejoramiento real de sus integrantes y otros, los mas, que solamente buscaban poder o dinero.
Enseguida Kirchner aplicó la máxima de guerra que establece que si un enemigo no puede ser derrotado (por superioridad de poder o porque uno no está dispuesto a soportar las consecuencias de la batalla) es imprescindible unirse a el.
Estos organizadores de piqueteros fueron entonces rápidamente contactados por dirigentes de Kirchner o directamente por él. Les dio dinero para ellos y alguna forma de dinero para repartir entre los integrantes del grupo.
En algunos casos estos dirigentes pasaron a integrar el Estado, siendo nombrados en cargos públicos. En otros se convirtieron en propagandistas de las supuestas virtudes de la política kirchnerista.
Pero el piquete siguió siendo útil y necesario.
Los sindicatos han ido perdiendo capacidad de convocatoria. Los dirigentes son por lo común personas que no son queridas por los afiliados sino que permanecen en sus puestos a base del temor.
Como manejan dinero que no tienen obligaciones de rendir pueden entonces “alquilar” manifestantes para hacerse notar en una protesta o pedido relacionado con la política sindical. Para estos fines se rentan piqueteros. El dirigente piquetero contrata con el diregente sindical. Este le paga una cantidad de dinero para él, otra cantidad que éste reparte entre los piqueteros, y el piquete se organiza para cualquier propósito.
Se puede por ejemplo dotar de cascos amarillos y camisetas del sindicato de la construcción a dos mil varones que son reclutados en los barrios mas pobres para aparentar que son obreros de la construcción protestando porque un compañero se cayó de un andamio. O pedir, por ejemplo, familias enteras con mujeres y niños incluídos para ocupar una superficie de terreno que posteriormente se procura lotear con el argumento de la falta de vivienda.
El organizador piquetero es muy práctico porque  como tiene personas que le obedecen puede llevarlos o sacarlos a todos de un determinado lugar a su sola voluntad. En todos los casos sus servicios incluyen la contratación de los ómnibus o camiones que recogen a los piqueteros en los lugares previamente convenidos.
La existencia del sistema piquetero permite a cualquiera que pueda pagar la manifestación un lucimiento absoluto para atronar a golpes de bombo durante un día a un grupo de jueces que tienen que decidir sobre la libertad o prisión de un determinado sindicalista o político. Han sido usados por otros obreros, por partidos políticos, por músicos.
Estos tipos se proponen dar miedo y dan miedo y constituyen un brillante negocio.
Es evidente que no habría piquetes sin piqueteros.
¿Cómo son? ¿Que piensan?
Dejando de lado a los que los organizan, es decir refiriéndome solamente a lo que podríamos llamar tropa, se trata de gente pobre, pero especialmente pobres sin dignidad, perezosos que venden su presencia.
Para asistir a un piquete reciben aproximadamente entre $100 y $300, mas la comida del día que es proveída por el organizador piquetero. El transporte al lugar de asentamiento es gratuito. Y quedan incorporados a listados que normalmente les permiten figurar como candidatos a planes del gobierno que implican determinados subsidios.
En muchos casos ocupan viviendas pagadas por el Estado o terrenos públicos o privados que el Estado no se preocupa ni en cuidar ni el desalojar, por lo que se trata también de vivienda gratuita.
A esto se suma la tradicional educación gratuita argentina para los niños y los hospitales que también suministran sin costo atención médica y medicamentos.
Quiero aclarar acá por qué hablo de pobres indignos. Y es que justamente otro fenómeno argentino, contemporáneo al de los piquetes, demuestra que no todos los pobres carecen de dignidad y que frente a iguales problemas otros pobres se han organizado para subsistir mediante el trabajo y siendo útiles a todos. Me refiero a los cartoneros.
También los cartoneros aparecieron de la noche a la mañana a fines de la década del 90. Al igual que los piqueteros, fueron organizados por dirigentes que de alguna manera establecieron las reglas de funcionamiento de la actividad.
Fueron ellos los que fijaron los recorridos, contrataron camiones, arreglaron precios de venta para los metales, vidrio, aluminio, cartones, papeles, etc. que se recogían.
El cartonero es de la misma clase social que el piquetero pero hace algo útil. Sale a trabajar cuando ya no molesta su circulación en la calle, en horas de la tardecita, hace acuerdos con porteros y vecinos que suelen acomodarles los desperdicios que pueden serles útiles, no han sido acusados de delitos prácticamente en ningún caso. Según las autoridades casi la mitad de la basura de la ciudad de Buenos Aires es reciclada por ellos de manera espontánea, con beneficio económico para todos.
Sin meterme demasiado en generalizar, noto que a medida que va pasando el tiempo cada vez los piqueteros son mas varones y las cartoneras mujeres.
Alejandro Olazábal

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