Un pedido de divorcio en un juzgado de la ciudad de Buenos Aires. Cuando se inició todavía estaban vigentes leyes que obligarían a que el juicio durara bastante tiempo si uno de los dos no aceptaba divorciarse de común acuerdo. Pero pronto iba a ser aplicable un cambio de legislación que permitiría a cualquiera divorciarse con sólo pedirlo.
La demandante de este caso es una mujer joven y el marido también. Ambos entre los cuarenta y los cincuenta. Los dos son abogados. Ella trabaja en tribunales en un juzgado en lo criminal. El es un abogado independiente, se ocupa de temas penales y se ocupa de un estudio jurídico con un asociado más joven. El matrimonio tiene dos hijos varones. El mayor de los chicos es un preadolescente de unos doce años. El otro está en los primeros grados de la escuela primaria.
La demanda inicial fué hecha por ella. Pedía que lo condenaran a él a pagar una alta cantidad de dinero, casi como se ve en las películas norteamericanas, diciendo que su marido era un abogado penalista muy próspero y conocido. Entre sus clientes tenía a un notorio personaje vinculado con el gobierno de ese entonces, famoso por haber robado miles de millones de pesos y sospechado por el periodismo de ser nada menos que el testaferro de una de las máximas autoridades políticas del país. Según la mujer ese delincuente económico le pagaba a su marido importantes honorarios que en negro.
Con ese relato construyó un mundo en su reclamo. El reproche principal que hacía era que él la estaba engañando con una mujer, y que había abandonado el hogar común para poder tener la libertad de ser infiel. Lo que hacía más grave la conducta es que él no hubiera tenido compasión de ella a la que se le había declarado un cáncer de mamas.
Cuando el juez leyó la demanda pensó que lo escrito había sido redactado por un abogado sin experiencia en temas legales de familia, y que por eso mostraba ignorancia de la forma de pensamiento de los jueces de esa rama.
Ese tono ajeno a las costumbres conocidas en temas de familia le cayó muy mal al juez y lo predispuso en contra de los reclamos de la mujer.
“Quizás en Miami, en California o acaso en México se podría plantear un divorcio en esos términos”, se dijo el juez. “En otros lugares un pedido de millones de pesos con la justificación de un combo integrado por mujer con cáncer, engañada y marido abogado de estafadores podría considerarse normal”.
“Aquí en Argentina, al menos en Buenos Aires, los jueces pensamos de otra forma” -se dijo. “Pude hablar muchas veces con otros jueces y compruebo que en algunos temas ponemos el acento más o menos en las mismas cosas. A mí me cayó mal tanta hostilidad. Un poco de carga de tintas es entendible. Pero la exageración me causa un efecto contrario al que habla así.”.
Al juez le pareció entrever en la forma de redactar y encarar la demanda el trabajo de un abogado penalista y no de familia.
En general no le caen bien los abogados que que se dedican a temas penales. Le parece que no tienen entre sus prioridades ni consideran, es más, que ni siquiera se dan cuenta que la familia es una realidad y para siempre. Que los vínculos entre sus miembros seguirán existiendo después de que un juicio vaya al archivo.
Ellos no saben que entre las personas hay fuertes vínculos que perduran. Están acostumbrado a manejarse con delincuentes de piel dura, a los que solamente les interesa no ir presos.
La señora demandante no tiene experiencia profesional fuera del ambiente de la justicia penal y no imagina que otros jueces puedan tener formas diferentes de ver las cosas. ese pozo hediondo al que pertenece sin saber que es pozo ni que es hediondo. Por eso debe ser que eligió a un abogado de ese palo, quien escribió todo lo que ella quiso sin cumplir con el trabajo de moderación y reflexión que siempre hace el abogado de familia.
El juez no necesitó escuchar al marido para imaginar el cuadro completo de la familia y no aceptó casi ninguna de los embargos, intervenciones en el estudio y otras agresiones que pedía la esposa. Puso una cuota de alimentos provisoria que era la sexta parte de lo pedido por ella, porque se entreveía que él era un padre que pagaba los colegios, compraba ropa a sus hijos, los veía bastante y por supuesto gastaba dinero directamente cuando estaba con ellos.
Este punto de vista revela una sustancial diferencia en la apreciación de los relatos entre los jueces penales y los de familia. Los primeros, por formación, entrenamiento, comodidad y conveniencia están formateados para tratar de creer la historia del acusado, que generalmente acalla sus conciencias y los llevará de la mano a tener menos trabajo. En cambio el juez de familia lee la historia y mentalmente la compara con la verosimilitud, trata de sacar entrelíneas qué podría estar diciendo el contrario en la misma situación, imagina posibles derivaciones futuras según sea la actitud que tome el propio juez. Amplía instintivamente el campo a toda la familia, al pasado y al futuro, se pregunta de quién es la casa que la señora quiere seguir usando, quién paga los colegios de los chicos que ella menciona pero no dice de dónde sale el dinero, adivina si la suegra y ella se llevan bien o mal y muchísimas cosas mas.
La demanda se desinfló cuando entró en vigencia el nuevo código civil y comercial, pero no dejó de generar secuelas, porque una y otra vez es usada por los abogados del marido como prueba de agresividad y falta de tolerencia.
Cuando el cambio de legislación se lo permitió el marido se presentó, pidió el divorcio llamado express y conforme a la nueva ley el juez lo ordenó inmediatamente.
La señora se dió cuenta de que algo no había salido como le prometiera su abogado penalista y lo despidió, buscando a una abogada con experiencia de años en cuestiones de familia.
Esta abogada con pedidos concretos, moderados y sin adjetivaciones innecesarias, buscó cambiar el estilo confrontativo.
El juez reunió a todos los interesados en una audiencia. Participo de ella el defensor de menores del juzgado y luego de un trabajo centrado en los chicos, a los que ese defensor hizo visibilizar y poner en el centro -para lo que es un maestro- lps padres llegaron a un primer acuerdo para distribuirse el contacto con los hijos, el colegio, las actividades durante las vacaciones y un tratamiento psicológico para el mayor de ellos.
Unos meses después, luego de varias postergaciones por cuestiones relacionadas con la enfermedad de la señora volvierona reunirse en el juzgado.
El diálogo entre los ex estaba en punto muerto, según dijeron las abogadas.
Allí el marido dijo que había perdido al gran cliente, que ya no tenía tantas entradas como pensaba su ex mujer y que podría comprometerse a pagar todos los gastos de educación de sus hijos, entregar una pequeña suma de dinero en efectivo, colaborar con el pago de los honorarios del psicólogo de su hijo y permitir que todos siguieran viviendo en el departamento que en gran parte es de su propiedad. La mujer pidió no participar porque dijo sentirse mal.
Cuando todos se habían ido apareció la mujer. El juez le contó el ofrecimiento del ex marido. Respondió que él con su nueva pareja habían hecho un viaje a Londres y ahora se proponía hacer otro, que tenían dos autos, uno de los cuales era una muy buena camioneta, que vivían a pasos de la avenida del Libertador en uno de los mejores barrios de la ciudad. Alegó que los problemas de su hijo eran que el chico se quejaba de que ella no podía comprarle nada, que con el padre iban a buenos lugares para comer y le compraba ropa de marca y por eso le perdía el respeto a la madre.
Demostraba estar perfectamente al tanto de los detalles de la vida de su ex marido. Le parecía injusto que ella tuviera que sacrificarse y tener que darles a sus hijos una vida de inferior calidad. Recordó que ella formaba parte desde joven del sistema judicial y por lo tanto aspiraba siempre a lo justo.
No parecía dispuesta a ninguna transacción, a nada que tuviera que ver con una decisión propia. Buscaba que fuera elj juez el que resolviera todo y no se le ocurría pensar que pudiera ser de otro modo.
El juez le aconsejó que no fuera intransigente. Compartió con ella su experiencia de que la búsqueda únicamente del valor justicia solía ser contraproducente en las relaciones de familia, porque normalmente esas relaciones están basadas en pequeñas renuncias que hacen la vida mas llevadera.
Insistió en que es mas valioso un acuerdo no del todo perfecto pero conseguido en el seno de la familia que una imposición que viene desde fuera.
No hubo caso. Amablemente -porque estaba tratando de convencer ella al juez y conseguir apiadarlo, hasta se sacó la peluca y le mostró la calva- la señora quedó en sus pedidos irreductibles y no se movió de ahí.
El juez imaginó que toda esa dureza tenía alguna relación con el cáncer. La enfermedad era muy injusta, completamente inmanejable, y no admitía ningún tipo de diálogo ni conciliación. La ponía en una lucha sin cuartel, en la que el resultado podía ser de una completa derrota para ella. Vida o muerte.
Su postura en el litigio con su ex marido también debía entonces tener el mismo cariz. A capa y espada, sin tregua, de matar o morir.
***
Epílogo.
Llegó al juzgado la noticia de que la mujer había perdido su batalla contra el cáncer y murió. Así finaliza, de la peor manera, todo el litigio. Los chicos estarán a cargo del padre que se tildaba de ineficiente, los bienes que fueran de la señora serán administrados por él hasta la mayoría de edad de los hijos. La justicia dejará de intervenir y los expedientes se archivarán rápidamente.
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