Murió Ben Molar. Tenía 99 años. Fué uno de esos judíos, abundantes y activos en Argentina a partir de la década de 1950 y hasta 1980, nacidos en los primeros años del siglo. Muchos de ellos, especialmente en el ambiente artístico, modificaban sus verdaderos nombres. Molar se apellidaba Smolarchik, como Tato Bores era Borensztein. Siempre me pregunté por qué. La respuesta que me parece mejor es que todos tenían unas enormes ganas de circular en la sociedad argentina sin parecer extranjeros y percibían que los apellidos judíos provocaban una reacción interna de desagrado en los que los oían. En una escala menor sucedía lo mismo con los apellidos de origen italiano. En Argentina lo fino era tener un buen apellido vasco y si era posible, dos. Sonaban bien los que parecían franceses y también los ingleses. Los del incipiente rock nacional optaron muchas veces por nombres italianos mezclados con apellidos ingleses o viceversa, para evocar a los neoyorkinos famosos (Johnny Tedesco). Muchos de esos nombres artísticos fueron elegidos por el propio Ben Molar.
Esos judíos habían venido de chicos desde la desesperada Europa de los judíos muertos de hambre, con padres llenos de lecturas, de inquietudes, de moral estricta, de pasión por trabajar y sobresalir. El verdadero “M´hijo el dotor” era un judío. Querían que sus hijos estudiaran, se destacaran. Se enorgullecían pensando que ser el mejor en algo era una bendición de ese dios de Israel que se ocupa de todos y cada uno.
En la Argentina que progresaba encontraron buena educación pública, buenas universidades y hasta una tolerancia religiosa mayor a las de otros lados. No es que no existiera un cierto antisemitismo, incrementado por el rencor, el resentimiento y la envidia que provocaba ese empeño en progresar, acompañado generalmente de un sacrificio personal enorme. Pero rápidamente encontraron lugar en todas las actividades, incluyendo a la política con el ascenso del radicalismo, la literatura, poesía, medicina, comercio, industria, etc.
Hoy no se qué hacen sus hijos ni como piensan. Probablemente se rían un poco de sus viejos. Pero en los sesenta eran indispensables. Unos habían aprovechado los préstamos del peronismo para instalar nuevas industrias de plástico, materiales eléctricos, heladeras. Otros se asociaban para construir edificios de propiedad horizontal que vendían en cuotas, generando en los compradores una confianza que era sólo de palabra y cumpliendo bien en casi todos los casos. Algunos parcelaban tierras en el Gran Buenos Aires cerca de las estaciones de tren, dando lugar a un modelo de nuevas ciudades libres, de circulación abierta para todos, en las que se concretaban los sueños de alojar la familia en una casa propia.
Pagaban la menor cantidad de impuestos posible -como cualquiera- y buscaban como resguardar sus ganancias en un país que siempre parecía desordenado, con gobernantes corruptos, sin una verdadera moneda, con militares encaramándose una y otra vez en el poder. Gran parte de esa búsqueda de preservar los ahorros dio lugar al progreso de Punta del Este, en un país siempre envidiable por el respeto a la propiedad y ahorros como es Uruguay.
Pero ya vuelvo a Ben Molar. El fué uno de esos modelos del judío imaginativo, trabajador y totalmente volcado a descubrir los deseos y gustos del público en materia musical. Con un enorme talento patrocinó a muchísimos artistas, inventó conjuntos musicales según el gusto de cada época, creó los nombres y hasta las supuestas historias -generalmente apócrifas- que llenaban los sueños de los oyentes. Además de cambiar su propio apellido y mantener su origen en otro plano, hizo lo mismo con muchos artistas. Promovió el bolero como nadie, y los nombres de boleristas que sonaban latinos, como creo es el caso de Chico Novarro. Tuvo una pasión enorme por el tango y advirtió en un momento la necesidad de hacer algo actual y que no sonara a historia, reuniendo en “Catorce con el tango” a músicos de tango con Mujica Láinez o Borges.
No podría explicarse la Argentina actual sin mencionarlo. Quiero recordarlo especialmente porque tampoco podría explicarse mi propia vida sin él, que de distintas maneras me acompañó desde la radio con música creada, producida o difundida por él.
Abril de 2015<script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-4190220058053303"
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