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DE CHIRIPA

                                       

Dia 1
Ahora son como las doce de la noche. Estoy en una cama bastante incómoda en una finca cerca de Chicoana. 
Al lado mío, en otra cama, ya duerme Antonio. 
Hacía diecinueve años que no nos veíamos. Prefiero no decir la razón, porque hoy nos reconciliamos y solamente escribirla me dolería demasiado.
Me llamó por teléfono hoy temprano. No  ha perdido ni su voz de soprano ni el agudo final con que hablan los santiagueños.
Comenzó diciéndome hermano, hermano de la vida, qué nos ha pasado.
No quise decirle qué nos ha pasado porque me dieron ganas de verlo otra vez.
Dijo que tenía una invitación para hacerme, si podíamos juntarnos a tomar un café en un bar de la plaza 9 de Julio.
Antes de una hora estábamos los dos en ese desde el que se ve casi de frente la catedral. Antonio está mas flaco. Me contó que se separó de su mujer, que está con algunos problemas económicos. Valgo más muerto que vivo dijo riéndose. Tengo un buen seguro que resolvería varias cosas. Pero no continuó, seguramente porque leyó en mi cara que de mí no iba a conseguir ayuda de dinero. El no lo sabe ni se lo dije pero tampoco ando muy bien de plata.
Le conté que sigo casado con María Rosa, aunque no le dije que ella hace más de diez años que no me deja que me le acerque porque dice que se ha consagrado a Dios. Me da vergüenza lo que siempre me preguntaron después de esto otros amigos: ¿Y vos? ¿Vos qué hacés? porque nunca pude ser sincero al responder.
En definitiva, me dijo que con un grupo de amigos iban a iniciar al mediodía una cabalgata por el monte, que si yo quería ser de la partida.
Me encantó la idea. Mi hija Elena me trajo hace varios meses una montura desde Colombia y tenía muchas ganas y pocas oportunidades para estrenarla.
Hice todo rápido y a eso de la una de la tarde ya estaba junto a los demás en la finca. Todos, los cinco, eran más jóvenes que yo. Algunos parentescos nos unían allá a lo lejos, como casi todos en Salta.
-¿Eso le vas a poner a tu caballo? Dijo Antonio en cuanto vió mi montura. -Es montura de señora.
-Me la regaló mi hija. No necesitaba justificarla porque es una hermosa montura pero preferí no chocar con él.
-Por eso. Acá en el monte se usa otra cosa, dijo.
Esa fué la primera. Durante toda la cabalgata se quedó cerca mío y no dejó de cargarme frente a los demás. Al principio por la montura, después porque pasé bajo un árbol y me golpeó una rama. No le venía bien la manera de controlar mi caballo. Decía que esas cabezadas las causaba yo tirando demasiado de la rienda, que no conseguía controlarlo y hacerle saber quién manda. La verdad es que es un caballo de boca muy dura y el freno que me tocó es demasiado fino.
Ahora en la cama tengo mucha bronca acumulada. ¿Por qué este tipo me vino a buscar después de tanto tiempo? ¿Para molestarme? Es un imbécil. 
Acá no hay electricidad. Estoy escribiendo en el celular y se me va a terminar la batería. Mejor trato de dormirme.

Dia 2
Esta mañana salimos temprano. Me dolía bastante la cintura y por dentro de las piernas. Se nota que el cuerpo se desacostumbró a la cabalgata. El caballo que me tocó prefiere el trote y eso me desarma los huesos. Todo el tiempo tengo que controlarlo para que vaya al paso.
Antonio sigue poniéndose atrás mío si el camino es angosto, o al lado si es un poco más ancho. Me habla mal de los otros. Este se quedó con plata del banco donde trabaja, aquél está desmontando su campo sin permiso de la oficina de bosques, este otro es un inútil que vive de su apellido y del viñedo de su suegro. 
A mí me reserva lo peor. Dice que lo que yo tengo en el instituto de Güemes es un “currito”, que si me publicaron un libro debe ser porque tengo contactos. Hasta llegó a comentarme que es de maricas mi investigación sobre Macacha Güemes.
Ya no lo aguanto. Si me pongo al principio de la fila enseguida lo tengo atrás de nuevo. Si Voy despacio me grita “apurate culiau”. Cuando paramos para comer se ríe de mi cuchillito. Dijo que parecía un suizo de excursión.
Esta noche estamos durmiendo en carpa. Me duele todo. Quisiera poder volverme ahora.

Día 3
    El plan del día era llegar hasta un llano en el que los gauchos de Guemes fueron emboscados por un grupo realista y zafaron peleando como bravos.
  El monte es bastante espeso antes de llegar y el sendero de picada exige ir en fila.
  Antonio había estado criticando al baqueano y este, para no clavarle el facón lo dejó ir adelante. Igualmente era imposible errarle al camino porque no hay otro sendero.
      Siempre me voy a quedar con la impresión de que de alguna manera fui yo, pero todos coinciden en que fue un accidente.
        Aseguro que no fue intencional cuando lo llame al acercarce a esa rama baja. Quería preguntarle si no podríamos hacer un alto para mear. Se dió vuelta y no pudo verla. La rama lo volteó. El caballo, que también lo odiaba, siguió. El pie se le enredó en el estribo y la cabeza dio con una piedra. Sonó como un coco.
Las caras de los compañeros eran serias, de sorpresa y confusion, aunque tal vez de alivio.
A esta hora ya está en un cajón.
Yo no sabía pero por allá pasa muy cerca un camino por donde en menos de dos horas lo pudieron venir a buscar. 
Por suerte estoy en mi cama.

Día 4
         Hoy lo llevaron al cementerio. Caras de circunstancias pero no de pena. La exmujer me abrazó y me dijo “gracias por todo “.
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