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PROFESOR CHIFLADO

Un poco como esos médicos o químicos de las películas de terror que quieren llevar a toda costa sus teorías sobre la vida después de la muerte, sobre el transplante de cerebros y que terminan volviéndose locos y haciendo monstruosidades.
Se sienten desafortunados, incomprendidos, olvidados por la fortuna porque esas teorías que elucubran en sus cabezotas, que exponen a los soporientos alumnos o a los colegas que los escuchan a medias solamente para poder tener tiempo después de hacer oír sus propios inventos, esas teorías, lamentablemente, no se presentan en la realidad.
¿Son sólo personajes de laboratorio químico? ¿O hay también algunos en la abogacía y el derecho?
Me parece haber descubierto uno.
Es un juez argentino que llegó a ese cargo por su fama como profesor de derecho de familia.
Seguramente aburrido porque en su trabajo cotidiano como juez los abogados y las personas litigan siempre por cosas parecidas, prosaicas, prácticas (piden cuotas de alimentos, cuidar los chicos o verlos mas seguido),  le encanta forzar los temas que tiene que resolver para llevarlos al terreno de alguna de sus teorías.
Al principio aplicaba algún toque, como por ejemplo decir que no correspondía legalmente indexar las cuotas alimentarias pero ponía 24 cuotas distintas, cada una un poquito mas alta que la otra, mes por mes.
Ahora ya ha enloquecido totalmente y es capaz de decidir cosas que nada tenían que ver con lo que las partes habían llevado al juez. Pero si solamente se lee la resolución, sin conocer los hechos, parece muy interesante.
Encontró la fórmula ideal. Resolver y escribir como si estuviera en un debate que en la realidad jamás se produjo. Pero el que solamente lee la decisión y sus argumentos, sin saber qué era lo que se discutía en el juicio queda admirado.
Claro, puede ser que cuatro o cinco personas (los litigantes, los abogados, el juez de primera instancia) que conocieron la verdad se sientan un poco mosqueados. Pero bueno. No puede haber un verdadero invento, ninguna ciencia es capaz de avanzar de verdad sin algunos ratones muertos.
Es interminable la cantidad de ejemplos porque ahora que descubrió que la realidad es un detalle menor, que lo pedido por las partes es un mal sueño completamente desechable en el pensamiento científico se ha lanzado a construir un edificio gigantesco. Será su propia torre de Babel.
Así ha sucedido, por ejemplo, con un supuesto en el que le limitaron la capacidad a un señor que tenía cierta deficiencia mental. El juez se había limitado a nombrarle una persona que lo ayudara y apoyara en los trámites mas complejos y nada más. El señor conforme, su persona de apoyo conforme.
Pero a este juez se le ocurrió que las personas así, tendrían que tener derecho a votar en las elecciones. Sin preguntarle nada -es que en una de esas le respondía que el tema lo tenía sin cuidado- hizo una larguisima resolución sobre los derechos electorales, que en la realidad solamente puede interesarle a otro profesor. El supuesto beneficiario estaba muy conforme con no tener la obligación de votar. El profesor argumentó que era un derecho (es las dos cosas, pero para el que no le interesa es una carga) y creyendo que lo autorizaba en realidad lo obligaba a ir a votar.
Me imagino el debate entre profesores. Quizás al señor solamente le interesaba conseguir los remedios de la obra social gratis, o asegurarse una pensión del estado enfatizando su condición de discapacitado o vaya a saber qué cosa pedestre y práctica. Los profesores chiflados con sus retortas y líquidos de colores humeando creyeron que tenía que votar.

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