Fué el 2015 un año muy especial para todos los argentinos. De esos en los que parece jugarse un gran partido en el que todos los habitantes estarán en la cancha y en el que muy pocos podrán permanecer como espectadores.
Hacia el mes de diciembre comienza esta historia. En un juzgado de familia una mujer denunció a su pareja por violencia doméstica.
Dijo que él le había pegado fuerte, que estaba embarazada de él y pedía que se ordenara al golpeador irse del departamento que compartían, alquilado por ella desde antes que comenzaran a vivir juntos.
Con el informe del equipo correspondiente el juez ese mismo día hizo notificar por la policía al joven que debería retirarse de la casa y no tener contacto con la mujer por tres meses. Dió al acusado la oportunidad de ser escuchado.
La experiencia previa enseña que la gran mayoría de los denunciados (casi siempre varones) no aparece a dar ninguna explicación. Aunque pocos vienen casi todos cumplen estrictamente con la orden, tanto sea la de no acercarse a la denunciante, no hablarle por teléfono, o retirarse de la casa en la que vivían juntos.
A los escasos que vienen el juez los recibe, los escucha y trata de aprovechar esa oportunidad para bajarles la ansiedad, hacerlos sentir menos vapuleados y darles algunos consejos como para que una vez superada la crisis puedan retomar la vida con aquella a la que por lo general tanto quieren, sin sentir necesidad de pegarle nuevamente y advirtiendo las desventajas que esto trae en nuestra sociedad tan justamente reacia a la violencia contra las mujeres.
Cuando son provenientes de países en los que la cultura es machista y el castigo forma parte del modo de relación hombre-mujer (lo que no significa que no se amen), les aclara que en Argentina y sobre todo en Buenos Aires están fregados porque en cuanto las mujeres pisan este suelo ya no ven con buenos ojos que nadie les siga produciendo moretones por amor. Es sorprendente como agradecen que se les diga esto y sean puestos al tanto de la nueva cultura a la que se tendrán que ir adaptando.
Como dije, hacia fines de 2015 el afectado por la orden de exclusión pidió ver al juez.
Era un muchacho de poco mas de 30 años, vestido con una remera con el logo de Tecnópolis.
Después de la nerviosa presentación contó así su historia:
-Vea, señor juez: mi novia y yo somos empleados públicos. Compartimos una forma de ver el país (creo que mas exactamente habló de “la Nación” o “el Estado”).
Esta introducción y la camiseta hicieron suponer al juez que el trabajo de ambos era en esa feria de exposiciones. Al juez no le caía bien ese lugar. Pensaba que era una fuente de propaganda kirchnerista durante los últimos doce años, lugar privilegiado para la difusión de lo que se ha dado en llamar “el relato” es decir esa visión de la historia y del presente elaborada por el gobierno con fines partidarios y que básicamente consistía en un cuento deformado en el que hay solamente dos bandos. Los buenos (nosotros, el pueblo) y los malos (las corporaciones oligárquicas, el diario Clarin, el FMI, los oligopolios económicos, los productores rurales, etc.).
Mientras el muchacho hablaba ese juez pensó que probablemente había creído el relato según el cual el pasado y el presente de Argentina se entienden desde la lucha permanente de unos para someter a otros, ya sea en la generación del 80, con los conservadores y mas adelante también. El peronismo y su versión moderna el kirchnerismo son los representantes naturales de los oprimidos para lograr su liberación. El justicialismo tiene dos rostros: el severo hacia los monopolios y el amoroso hacia los pobres. El símbolo principal se puede ver en las dos imágenes de Eva Perón en el edificio del Ministerio de Salud, sobre la avenida 9 de Julio. Hacia el norte (donde están los barrios mas acomodados) la Eva peleadora frente al micrófono, para advertirles a esos grupos que ella está allí para no dejarlos pasar para seguir explotando a los humildes. Hacia el sur, barrios de Constitución, Barracas o la Boca, zonas populares mas desfavorecidas, la imagen es la Eva maternal, comprensiva, lista para dar la mano a cualquier desvalido.
Lo que el juez intuyó es que este muchacho y su novia habían tomado como cierta esa visión maniquea, fogoneada durante casi todos los años de su vida adulta (si ahora tienen 30, desde los 20 que oyen estas cosas) y que probablemente militaran para La Cámpora.
Pero, acostumbrado por su trabajo a no tomar por real ninguna hipótesis, y a colocarlas en un estante provisorio para tenerlas a mano para mas adelante, siguió oyendo a su interlocutor.
Pero, acostumbrado por su trabajo a no tomar por real ninguna hipótesis, y a colocarlas en un estante provisorio para tenerlas a mano para mas adelante, siguió oyendo a su interlocutor.
Continuó el joven su relato diciendo que al poco tiempo de conocer a su novia se sintió muy enamorado de ella. Veía con ella muchas cosas de la misma manera. No solamente compartían el trabajar para el Estado y la visión política sino otros temas. (Aquí el juez imaginó noches de sexo, paseos, alguna cerveza).
Ella tenía alquilado ese departamento en el que vivía sola. El estaba en casa de un amigo. En un momento deciden irse a vivir juntos al departamento de la novia. Y comenzada esa convivencia se sintieron (habla por ambos) cada vez mejor y proyectaron tener un hijo. Por eso, el embarazo fué buscado, deseado y una feliz noticia para los dos. El juez confirmó una de sus primeras hipótesis sobre los alcances de la relación.
Una vez sabido el embarazo, comenzaron una serie de sucesos, aparentemente desconectados entre sí, o por lo menos desconectados para el que hacía el relato, pero enormemente nocivos para su ánimo.
El primer acontecimiento que mencionó es que animado por la confianza y amor que sentía por su novia pudo juntar energía suficiente para contarle que había sido abusado cuando era niño. Era un doloroso secreto que tenía celosamente guardado, que lo torturaba y creyó que la pareja ya tenía la suficiente madurez como para que él pudiera confiar en su amada y compartir con ella tan tremenda verdad personal. Demasiado pronto para hablar de esto, pensó el magistrado.
No alcanzó a terminar de contar cuál había sido la reacción de ella frente a esto, porque rápidamente pasó al segundo hecho. El juez lo notó pero a esa altura ya no quería hacer ningún comentario que pudiera prolongar la reunión que ya se estaba extendiendo demasiado.
Prosiguió así: “Desde que se convocó a elecciones y empezó la campaña presidencial, y muy especialmente cuando en la primera vuelta Scioli no sacó la suficiente cantidad de votos como para conseguir la presidencia, empecé a sentirme en un estado de tensión y angustia cada vez mas intensos.”
Esa expectativa por la mera posibilidad de que el kirchnerismo (y su relato) pudieran no continuar al mando de la política, la cultura y la verdad en el país los tenía muy tensos a los dos. No hablaban de otra cosa. El juez pensó que él mismo había tenido idénticas angustias e inquietudes pero por razones exactamente opuestas.
Tan mal se comenzó a sentir el joven que consultó con un psicólogo sin saber (aunque sabiéndolo quizás, como acto fallido) que además era psiquiatra. Se enteró de esa incumbencia cuando le dijo que la terapia no era suficiente, que necesitaba alguna medicación y que lo derivara a un médico psiquiatra. La respuesta del psicólogo fué “siempre estuviste con un psiquiatra” y le dió Rivotril.
En el medio de la política que mostraba casi tantas posibilidades para Scioli como para Macri, del Rivotril y de los recuerdos por el abuso sufrido, comenzó a notar algunos cambios en su novia. Se puso irritable, intolerante, gritona, celosa. ¿Sería el embarazo, la política o la confesión del abuso? Lo cierto es que su compañero sufría un rechazo atrás del otro, como si repentinamente ella le hubiera tomado asco.
"Desde ese momento sentí que era otra mujer, que con esa no había decidido convivir, pero estaba esperando un hijo mío que iba a necesitar padre y madre y traté de tolerarle sus desprecios."
"Pero justamente ganó las elecciones el PRO y enseguida que llegaron empezaron a decir que en cuanto organismo del Estado tomaban intervención encontraban muchísimos empleados que cobraban sueldo pero no trabajaban, que se dedicaban a hacer política, que ni siquiera se sabía exactamente cuál es la tarea que tienen que hacer, que forman parte de equipos con nombres rarísimos. Me sentí amenazado”, dijo.
No explicó si realmente creía formar parte de alguna de estas prebendas políticas y el juez, algo inquieto por el tiempo que llevaba la entrevista, no lo preguntó.
"En mi trabajo escuché versiones de que nos iban a despedir a todos los que compartimos el proyecto político. Me asusté mucho porque esto podría dejarnos a los dos sin un sueldo."
"En mi trabajo escuché versiones de que nos iban a despedir a todos los que compartimos el proyecto político. Me asusté mucho porque esto podría dejarnos a los dos sin un sueldo."
¿Que hacer si lo echaban? ¿Cómo vivir? ¿Cómo mantener a su hijito? ¿Tendrían obra social para el parto?.
"Fué en ese momento que perdí la calma. Se que estuve mal. Justo ahí tuve un acceso de locura que no pude controlar y le pegué. Discúlpeme pero no lo voy a hacer mas", dijo lagrimeando.
El juez hizo esfuerzos para decir algo. Solamente se le ocurrió esto: “Cuando la tragedia es colectiva, todos podemos entender los dramas. Nadie duda del sufrimiento durante la guerra, en un terremoto o un barco que se hunde, todos comprenden por qué es que nos angustiamos y sufrimos. Pero cuando nos sucede en la vida personal ese drama es individual, y nos resistimos a ver. La vida alrededor parece continuar como siempre, sin evidencias de tragedia. Usted ha estado, y todavía está, en el medio de una enorme drama personal, sufriendo a mas no poder, y eso lo coloca en total imposibilidad de tomar decisiones correctas. Lo mas probable es que si ahora quiere hacer algo para recuperar a su mujer probablemente termine equivocándose y estropee todo, asustándola y eliminando las chances de volver a la normalidad.”
Le pidió entonces que: continuara con el tratamiento psiquiátrico. Sin ponerse en contacto con ella, esperando esos noventa días. Lo consoló de que el bebe iba a estar bien, que aunque naciera sin que él estuviera presente seguramente mas adelante las cosas se irían enderezando de a poco.
El muchacho parecía mas aliviado al haber sido escuchado y reconocido como una persona. El juez se ilusionó con que nunca más se enteraría de nada relacionado con ellos.
Esta pequeña historia es típica del año 2015. Muestra por un lado la tensión y ansiedad que todos los argentinos padecieron al menos desde mediados del año hasta que finalmente el kirchnerismo fué derrotado por escasísimos votos. Ese nerviosismo no fué solamente de los que desesperaban frente a la posibilidad de que se quedaran los que estaban en el gobierno, sino mayor aún en los que necesitaban esa permanencia casi para sobrevivir.<script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-4190220058053303" crossorigin="anonymous"></script>
Esta pequeña historia es típica del año 2015. Muestra por un lado la tensión y ansiedad que todos los argentinos padecieron al menos desde mediados del año hasta que finalmente el kirchnerismo fué derrotado por escasísimos votos. Ese nerviosismo no fué solamente de los que desesperaban frente a la posibilidad de que se quedaran los que estaban en el gobierno, sino mayor aún en los que necesitaban esa permanencia casi para sobrevivir.<script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-4190220058053303" crossorigin="anonymous"></script>
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