En estos días Grecia está en el medio de esas confusiones sociales que provocan tanta incertidumbre y susto a sus habitantes. En Argentina nos sucedió lo mismo en 2001.
No es inocuo creer en los mensajes de la publicidad. Si les hacés caso a los que procuran venderte tabaco con avisos, te morirás de cáncer o algo parecido. Si les creés a los del alcohol te pescarás una cirrosis.
Lo mismo sucede con la mayor y mas difundida campaña: esa que nos convence de que el dinero tiene valor.
Es magnífico lo que han logrado los gobiernos y los bancos. Todos vemos el papel, sabemos que su estructura y materiales no es muy diferente de la del papel higiénico. Pero con el número impreso y en la cantidad adecuada creemos que vale lo mismo que un antiguo palacio, un automóvil y hasta que la felicidad.
“Das gold!” cantan en la ópera Fidelio.
“Das gold!” coreamos todos.
Al menos el viejo oro es un metal. No muy útil pero brillante.
En cambio el papel moneda es eso. Papel.
Los griegos han creído que tiene valor, especialmente el que viene de los demás países europeos y temen al que puede ocurrírseles estampar a sus gobernantes.
Por eso golpean la puerta de los bancos, en la esperanza de que les entreguen un montoncito de papeles que guardarán en un lugar que crean seguro.
No volverán por muchos años a entregar ese dinero a los banqueros. Así sucedió en Argentina. Hoy, catorce años después del corralito y el corralón, nadie ahorra en los bancos.
Es que con estas cosas, dolorosamente se descubre que los bancos y sus dueños mienten constantemente. Venden el humo de la confianza, que en el fondo es la seguridad de que cualquier error o estafa que cometan tendrá que ser soportada por el conjunto del pueblo de ese país. El Estado (es decir los que representan al pueblo traicionándolo de manera profesional) tendrá que cubrir a los bancos porque su propio negocio necesita del dinero.
Muchas cosas y servicios podrían intercambiarse con precios simbólicos. Pero de ese modo nadie pagaría impuestos. Es el Estado el que necesita crear la ilusión del valor del dinero y sostenerla lo mas que pueda.
Cuando el pueblo no le cree, siempre busca creer a otro mas poderoso. Puede ser la comunidad europea, los Estados Unidos o la Roma del tiempo de Jesucristo.
Pobres griegos. Muchos se suicidarán, muchos verán agravadas sus enfermedades cardiovasculares, sufrirán ataques de pánico, el Alzheimer galopará, habrá peleas entre esposos.
Que jodido es vivir en este mundo ficticio. Al menos no crean tanto en la propaganda, hermanos.
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